viernes, 31 de enero de 2014

Eulogio Varela en el Museo ABC. Un genio olvidado

Ayer se presentó en el Museo ABC la mayor muestra dedicada a uno de los creadores más relevantes de nuestro país. "Eulogio Varela. Modernismo y Modernidad" es un homenaje al gran referente del modernismo. Es el momento de redescubrir a un excepcional artista hoy olvidado, que fue maestro y referencia de su época.

Diseñador, ilustrador, pintor, decorador... La exposición del polifacético artista que acoge el Museo ABC (C/Amaniel, 29-31), reúne piezas donde el Art Nouveau es protagonista situando a Varela a la altura del maestro checo Alphonse Mucha. Eso sí, también hay hueco para imágenes costumbristas, para su trabajo como calígrafo o para sus dibujos de mobiliario.

Entre los temas expuestos destacan la mujer y sus imágenes como esencia de modernidad, disfrutando de su nuevo rol social o, en forma de carteles, como reclamo publicitario de una nueva sociedad basada en lo comercial. La muestra estará disponible hasta el 22 de junio en el Museo ABC.

domingo, 19 de enero de 2014

Cine: El hijo único

Título original: Hitori musuko (The Only Son)
Director: Yasujiro Ozu
País: Japón
Año: 1936
Duración: 87 min. 
Género: Drama

Una mujer que vive en el campo, se esfuerza al máximo para que su hijo pueda recibir en Tokio una buena educación y poder llegar a ser alguien en el futuro. Años después, lo va a visitar, dando por supuesto que será feliz y tendrá una buena posición social. Pero, nada más llegar, se encuentra con la triste realidad: su hijo, que está casado y tiene un hijo de unos pocos meses, es profesor de la escuela nocturna y vive sumido en la miseria.

 



martes, 14 de enero de 2014

"Platero y yo" de Juan Ramón Jiménez, cumple 100 años

Platero y yo, uno de los relatos más traducidos de la historia, cumple 100 años. Y se va a celebrar de manera muy especial en Moguer, el pueblo de Juan Ramón Jiménez. 

lunes, 6 de enero de 2014

Usos amorosos de la postguerra española

Título: Usos amorosos de la postguerra española
Autor: Carmen Martín Gaite

Editorial: Anagrama
Descripción: 200 p.; 21x14 cm.
Colección: Compactos Anagrama
Precio: 10.20 euros
ISBN: 978-84-339-0085-2

La restricción y el racionamiento que Franco impuso en los primeros años de postguerra afectaron decisivamente a los usos amorosos de aquel tiempo. Tras una investigación exhaustiva que comprende consultorios sentimentales, revistas del corazón y discursos políticos, Carmen Martín Gaite ha reconstruido la historia doméstica de aquella etapa sombría. Es la historia de la faja y de Mariquita Pérez, de los pololos y de la niña topolino; de las novias eternas, de los guateques y de la salida al cine en pandilla. Educada para aparentar y no para vivir su vida, la mujer, sirvienta del hogar propio, enfocó el matrimonio como objetivo excluyente. Según sus maestros, no tenía otras misiones que enamorarse, coser la ropa del marido y darle cuantos hijos quisiera. Con ello, el hombre, víctima también, se debatía entre la decencia y lo pecaminoso, lo que condicionaba gravemente su relación de pareja. Escrita con mano maestra, esta historia agridulce y entretenidísima es una obra mayor de la literatura castellana.  

"En todas las ciudades españolas existía una calle principal o una plaza mayor donde a horas fijas tenía lugar la ceremonia, hoy en desuso, del paseo. De una a dos y de nueve a diez, a no ser que estuviera nevando, las amigas se arreglaban para salir a dar una vuelta y recalaban indefectiblemente en aquel lugar de reunión, como si se metieran en el pasillo o en el cuarto de estar de una casa conocida, donde las puertas no daban al dormitorio o al comedor sino a otro tipo de locales más animados: tiendas, cafés y cines. Y se deslizaban pacífica y rutinariamente, cogidas del brazo, observando con más o menos descaro el comportamiento de los muchachos conocidos y desconocidos y hablando de ellos por lo bajo. 
[...] Por ejemplo, en la Plaza Mayor de Salamanca, las chicas paseaban en el sentido de las manecillas del reloj, mientras que los hombres lo hacían en el sentido contrario. Como quiera que el ritmo del paso fuera más o menos el mismo en ellos y en ellas, generalmente lento, ya se sabía que por cada vuelta completa a la Plaza se iba a tener ocasión de ver dos veces a la persona con quien interesaba intercambiar la mirada, y hasta se podía calcular con cierta exactitud en qué punto se produciría el fugaz encuentro."